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Reseña:
Habían dejado pasar cinco trenes. Estaban solos
en el andén y no se atrevían a hablarse. Él
pensaba que ella era una prostituta de las que
solían deambular por las estaciones del
subterráneo.
Por fin, ella se acercó y le preguntó:
—¿Por qué no sube a uno de esos trenes?
Él respondió:
—Me están siguiendo... quieren matarme. Tengo
miedo de la multitud porque alguno de ellos
puede ser mi asesino.
Ella dijo:
—¿Está seguro?
Él asintió. En su mirada latía la fatídica
certeza de quien, a su pesar, no miente ni
delira y sabe perfectamente de lo que está
hablando.
Entonces ella dijo:
—En ese caso, tendrá que ser aquí.
Sacó un revólver de su bolso. No se escuchó el
disparo porque en ese momento llegaba el sexto
tren..... |